Crear una web para una nueva empresa en España: preparar el proyecto antes de pedir presupuesto
Prepara oferta, contenidos, dominio, funciones y responsables para pedir presupuesto de tu primera web con un briefing claro y verificable.
Crear la primera web de una empresa obliga a tomar decisiones que todavía pueden estar abiertas en el propio negocio. Qué servicio se venderá primero, quién puede contratarlo, qué información necesita esa persona y cómo se atenderá una consulta son preguntas comerciales antes que decisiones de diseño. Un presupuesto resulta más útil cuando esas cuestiones tienen una respuesta provisional y compartida. No hace falta tener una estrategia perfecta, pero sí explicar qué se quiere poner en marcha y qué se considera una primera versión terminada.
Esta guía propone preparar un briefing que pueda leer una persona ajena al negocio y utilizar para plantear el proyecto. Incluye documentos, ejemplos hipotéticos y criterios para separar lo imprescindible de las ideas que pueden esperar. Está dirigida a una empresa que prepara su primera presencia propia en internet y quiere hablar con un estudio de diseño con una base clara. El resultado buscado es una conversación concreta sobre alcance, contenido, funcionamiento y responsabilidades.
1. Describe la empresa como si nadie la conociera
Empieza con una presentación de cinco líneas: qué haces, para quién, dónde puedes prestar el servicio, qué te pueden comprar ahora y cómo se contrata. Evita describir únicamente aspiraciones como calidad, innovación o cercanía. Esas palabras necesitan hechos detrás para convertirse en información útil. Una empresa de mantenimiento puede explicar qué instalaciones revisa, qué tipo de cliente atiende y qué necesita conocer antes de aceptar un trabajo. Esa descripción permite imaginar páginas y recorridos sin inventar una oferta.
Añade el estado real de la empresa. Si está comenzando, identifica qué está disponible y qué se encuentra todavía en preparación. Una futura tienda no debería presentar como vendible un catálogo que aún no tiene condiciones de entrega definidas. Una actividad de servicios puede publicar una primera versión con una oferta limitada, siempre que ese límite se entienda. La transparencia facilita preparar contenido y evita diseñar alrededor de compromisos que después no se pueden cumplir.
Cierra este documento con dos o tres diferencias observables. Podrían ser una especialidad, una manera de presupuestar o una documentación concreta que acompañe al trabajo. Si todavía no puedes demostrar una diferencia, anótala como hipótesis comercial para discutir. No la conviertas automáticamente en una promesa de la portada.
2. Elige una acción principal para la primera versión
Una web nueva puede presentar servicios, recibir solicitudes, vender productos o recoger reservas. Elegir una acción principal ayuda a decidir qué debe aparecer primero y qué información puede ocupar una página secundaria. No significa renunciar a otras funciones; significa ordenar la primera entrega alrededor de un recorrido que se pueda comprobar. La pregunta práctica es qué debería poder hacer una persona después de entender la oferta.
Si la contratación requiere conocer medidas, fechas o documentación, una solicitud de presupuesto puede ser más adecuada que un botón de compra. Si vendes un producto con precio y condiciones cerradas, el pedido puede ser el centro del recorrido. Si lo esencial es concertar una visita, la reserva debe explicar disponibilidad y confirmación. Estas decisiones cambian el trabajo necesario, aunque las webs puedan parecer similares al observar solo una captura de pantalla.
Escribe una frase de aceptación: una persona debe poder encontrar el servicio, comprobar si encaja y enviar una consulta con los datos necesarios. Después concreta qué datos son esos y quién recibirá el aviso. Esta frase sirve para revisar propuestas de diseño y para comprobar la entrega sin depender únicamente de si el resultado gusta visualmente.
3. Identifica a una persona y una situación de compra
Definir el público como todas las empresas o cualquier particular ofrece poca orientación. Para preparar una primera web, describe una situación reconocible: alguien necesita resolver un problema, tiene unas condiciones y está comparando opciones. Importan su tarea y sus dudas más que una biografía imaginada. Qué información conoce, qué necesita confirmar y qué le impediría continuar son datos que afectan directamente al contenido.
Un ejemplo hipotético sería una responsable de oficina que busca mantenimiento para un local que abrirá dentro de dos meses. Necesita saber si la empresa trabaja con ese tipo de instalación, qué documentación debe aportar y cómo se organiza una primera valoración. Una página centrada solo en la historia corporativa dejaría esas cuestiones sin resolver. El ejemplo no demuestra demanda ni describe un cliente real; sirve para ordenar la información del proyecto.
Prepara dos situaciones adicionales únicamente si cambian de verdad el recorrido. Un particular y una empresa pueden necesitar condiciones distintas, pero no siempre requieren dos webs. Anota los elementos comunes y las diferencias. Ese trabajo permite decidir si basta con una página bien organizada, si conviene separar servicios o si hacen falta formularios diferentes.
4. Delimita lo que puedes ofrecer en el lanzamiento
Haz una lista de servicios o productos que la empresa puede atender desde el primer día. Para cada uno, señala qué incluye, qué queda fuera y qué información se necesita para confirmar un encargo. Si el precio depende de una valoración, explica las variables que intervienen sin inventar una tarifa orientativa. Un listado corto y comprensible suele permitir una conversación de presupuesto más concreta que un catálogo amplio con descripciones pendientes.
Después diferencia entre oferta y capacidad operativa. Poder realizar un trabajo no significa que deba presentarse como servicio principal. Quizá requiera colaboración externa, una agenda limitada o una comprobación previa. Esas condiciones pueden explicarse al preparar el contenido. El diseñador necesita saberlas para evitar botones o mensajes que den a entender una contratación inmediata cuando el negocio necesita revisar cada petición.
Revisa también las exclusiones. Una empresa que atiende instalaciones comerciales puede no trabajar en ciertos edificios o determinadas condiciones. No hace falta llenar la portada de restricciones, pero sí encontrar un lugar claro para los límites que afectan a la decisión de compra. Cuanto antes se identifiquen, menos cambios habrá que introducir cuando el diseño esté avanzado.
5. Explica la cobertura sin inventar presencia local
Separa tres conceptos: dónde está la empresa, dónde puede trabajar y cómo se coordina con clientes de otros lugares. Una dirección física no demuestra cobertura nacional y un servicio remoto no necesita presentar oficinas en cada ciudad. Para el briefing, escribe una relación de zonas confirmadas y las condiciones relevantes, como desplazamiento, modalidad de reunión o necesidad de una visita previa.
Si la empresa está empezando y todavía no tiene una política de desplazamientos, declara esa decisión pendiente. El contenido puede invitar a consultar un caso concreto sin afirmar que todas las ubicaciones están cubiertas. También conviene evitar una larga colección de páginas por ciudad si todavía no existe información distinta y útil para cada una. El nombre de una localidad, por sí solo, no explica mejor el servicio.
En el caso de Latech, la web oficial indica atención en toda España mediante videollamada y sitúa su dirección en Puebla de la Calzada, Badajoz. Ese modelo permite preparar un proyecto a distancia con documentos y revisiones compartidas. Para tu negocio, la cobertura que se publique debe proceder de tu operativa real, aunque sea más limitada o tenga condiciones diferentes.
6. Reúne los datos básicos en una única ficha
Antes de enviar materiales, prepara una ficha maestra con nombre comercial, denominación que deba aparecer donde corresponda, teléfono de atención, correo, dirección publicable y horarios confirmados. Añade la persona que puede validar cada dato. Tener esta referencia evita que una propuesta utilice el teléfono de una firma antigua o una dirección copiada de una presentación que ya no se usa.
Incluye las variantes aceptadas de la marca. Si el nombre tiene tilde, abreviatura o una forma concreta de escribirse, indícalo. Adjunta el logotipo en los formatos disponibles y explica cuál es la versión vigente. No hace falta dominar formatos gráficos para empezar: basta con entregar los archivos originales que tengas y señalar si existen instrucciones de uso. El estudio podrá identificar qué material necesita preparación adicional.
No mezcles datos públicos y accesos privados en esta ficha. El briefing puede contener el correo que verá el visitante, pero las contraseñas del dominio o del alojamiento deben compartirse por un procedimiento adecuado cuando sean necesarias. Anota quién controla cada cuenta y cómo se solicitará acceso. Así se puede organizar el proyecto sin difundir información sensible en documentos comerciales.
7. Comprueba quién controla el dominio
Si ya has comprado un dominio, localiza la cuenta desde la que se gestiona y confirma que pertenece a la empresa o a una persona autorizada. No basta con recordar el nombre de la web. Para preparar el proyecto interesa saber quién puede cambiar su configuración, cuándo se renueva y si se utiliza también para el correo. Un cambio de página no debería empezar sin entender esas dependencias.
Si todavía no existe dominio, prepara varias opciones y explica qué nombre comercial deben representar. Evita convertir esta decisión en un ejercicio aislado de creatividad. El dominio debe poder comunicarse, escribirse y mantenerse sin confusión con otras identidades. La disponibilidad y las condiciones se comprobarán cuando se elija; no conviene dar por reservado un nombre simplemente porque todavía no se ha visto una web en él.
Pregunta cómo quedarán documentadas las cuentas al terminar. La entrega puede incluir una relación de proveedores, responsables y renovaciones, con los accesos gestionados aparte. Tener este inventario ayuda a conservar el control del proyecto y a resolver incidencias futuras. Es una conversación de organización que merece aparecer en el alcance inicial, aunque el diseño todavía no haya comenzado.
8. Ordena la información por preguntas del visitante
Para proponer un mapa de páginas, empieza con preguntas. Qué ofrece la empresa, a quién atiende, cómo trabaja, qué necesita para presupuestar y cómo se contacta son un punto de partida. Después decide dónde se responde cada cuestión. Una página puede resolver varias preguntas si mantienen una relación clara, mientras que un servicio complejo puede necesitar su propio espacio.
No copies el menú de un competidor como si fuera una plantilla obligatoria. Puede responder a otra cartera de servicios, a un equipo comercial distinto o a contenidos acumulados durante años. Utiliza referencias para explicar lo que te resulta comprensible y señala qué parte te interesa. Un mapa pequeño con responsabilidades claras es más fácil de presupuestar que una lista de secciones cuyo contenido nadie puede describir.
Escribe una línea por página: finalidad, persona a la que ayuda, contenido necesario y acción siguiente. Si dos páginas tienen exactamente la misma descripción, revisa si deben unirse. Si una página no tiene una pregunta que resolver, quizá pueda esperar. Este ejercicio convierte la arquitectura en una herramienta comercial antes de entrar en decisiones técnicas sobre navegación o gestión de contenidos.
9. Prepara los textos como materia de trabajo
Los textos iniciales no tienen que sonar a publicidad terminada. Es más útil reunir respuestas concretas, procedimientos y hechos que entregar párrafos llenos de adjetivos. Para cada servicio, explica qué sucede desde la consulta hasta la entrega. Incluye las preguntas que ya te han hecho posibles clientes, si existen, y diferencia esas observaciones reales de las dudas que todavía estás suponiendo.
Marca los datos pendientes dentro del documento. Una cifra de experiencia, una certificación o una afirmación de especialización necesita una base comprobable. Si no está confirmada, no debería pasar al diseño como si lo estuviera. También conviene señalar términos que el equipo utiliza internamente pero que una persona ajena puede no comprender. El proceso de redacción podrá traducirlos a lenguaje claro sin cambiar su significado.
Google recomienda orientar el contenido a ayudar a las personas y aportar información útil y original. Su documentación no establece una cantidad de palabras que garantice resultados. Para preparar tu web, esto se traduce en una tarea concreta: cada bloque debe responder a una necesidad real del visitante. Añadir longitud sin información nueva dificulta revisar el contenido y no sustituye la claridad de la oferta.
10. Selecciona imágenes que puedas utilizar
Reúne fotografías propias y documentos gráficos en una carpeta ordenada. Indica qué muestran, cuándo se hicieron si ese dato es relevante y si pueden publicarse. Una imagen de un trabajo no debe presentarse como proyecto de la empresa cuando pertenece a otro proveedor. Si utilizas material de terceros, conserva la información sobre licencia y condiciones de uso para poder revisarla antes de incorporarlo.
No todas las imágenes tienen la misma función. Una fotografía puede enseñar un producto, explicar una fase de trabajo o situar al equipo. Otras son puramente decorativas. Identificar la finalidad ayuda a pedir material adicional y a decidir dónde merece la pena invertir tiempo. También permite evitar que una imagen atractiva oculte detalles que el visitante necesita observar para entender lo que se vende.
Entrega los originales disponibles sin reducirlos repetidamente mediante aplicaciones de mensajería. El estudio podrá preparar tamaños y versiones para la web. Añade una descripción breve de lo que importa en cada imagen. Esa explicación sirve para trabajar pies de foto y alternativas textuales cuando corresponda, además de evitar interpretaciones equivocadas durante el diseño.
11. Define qué ocurrirá después de una consulta
Un formulario termina en una operación del negocio. Decide quién recibe las solicitudes, con qué frecuencia puede revisarlas y qué necesita ver para responder. Si todas llegan a una cuenta que nadie consulta, el problema no se resuelve cambiando el color del botón. El briefing debe describir la atención posterior con el mismo cuidado que la captación.
Pide solo la información necesaria para el primer paso. Una consulta de instalación puede necesitar localidad, tipo de espacio y una descripción; otros detalles podrán solicitarse después. Si añades archivos, concreta qué formatos son útiles y quién los revisará. No incluyas campos por costumbre. Cada pregunta debe tener una razón comprensible para la persona que rellena el formulario y para quien atiende la solicitud.
Si el canal principal será WhatsApp, explica cómo se utilizará: quién tiene acceso, qué horario puede atender y qué sucederá cuando una consulta requiera presupuesto formal. El mensaje preparado puede facilitar que el visitante aporte contexto, pero debe poder revisarlo antes de enviarlo. Define también una alternativa de contacto para quien prefiera otro canal o no pueda utilizar ese servicio.
12. Diferencia funciones sencillas e integraciones
Escribe las funciones que imaginas sin dar por hecho su dificultad. Mostrar horarios, recibir una solicitud y conectar un sistema de reservas implican trabajos diferentes. Para cada función, indica qué problema resuelve, qué datos necesita y qué resultado debe producir. Si depende de un programa que ya utiliza la empresa, aporta su nombre y documentación pública disponible.
Un ejemplo hipotético: una academia quiere recibir solicitudes de información y mostrar plazas disponibles. Si la disponibilidad se actualiza manualmente una vez por semana, el proyecto puede plantearse de una forma. Si debe sincronizarse con una plataforma de matrículas en tiempo real, aparecen dependencias, permisos y pruebas adicionales. Ambas opciones pueden ser razonables, pero no deberían figurar en el presupuesto como si fueran equivalentes.
Separa lo que debe estar conectado en el lanzamiento de lo que puede resolverse mediante un procedimiento manual temporal. Esa decisión necesita un responsable y un límite conocido. No se trata de ocultar trabajo al equipo, sino de entender si una integración aporta suficiente utilidad para formar parte de la primera entrega o si conviene evaluarla después con más información.
13. Incluye accesibilidad en los criterios iniciales
La accesibilidad web busca que las personas con discapacidad puedan percibir, comprender, navegar e interactuar con los contenidos. W3C explica que depende de cómo se diseñan y desarrollan los distintos componentes de la experiencia. Para un briefing inicial, conviene indicar que se revisarán cuestiones como el uso mediante teclado, la estructura de la información y las alternativas para contenido visual relevante.
Convierte esa intención en situaciones comprobables. Una persona debe poder llegar al contacto sin utilizar ratón. Los campos deben entenderse sin depender únicamente del color. Un mensaje de error debe indicar qué necesita corregirse. Las animaciones no deberían impedir leer la oferta o completar una tarea. Estas situaciones permiten conversar sobre experiencia de uso desde el comienzo, sin reducir la accesibilidad a una casilla decorativa.
Si tu actividad tiene requisitos específicos, identifícalos antes de cerrar alcance y solicita la revisión profesional que corresponda. No asumas que una herramienta automática demuestra por sí sola todo el comportamiento del sitio. En la planificación, deja espacio para pruebas manuales de los recorridos principales y para corregir problemas observados. Esa previsión es más práctica que tratar la accesibilidad como un añadido al final.
14. Prepara las necesidades de privacidad sin improvisar textos
Describe qué información personal podría recoger la web y para qué se necesita. Formularios, suscripciones, reservas y herramientas de medición pueden implicar tratamientos diferentes. Esta descripción permite identificar quién debe revisar las condiciones y los textos aplicables. El briefing no sustituye ese asesoramiento ni necesita resolver cuestiones legales mediante frases copiadas de otra empresa.
Haz una relación de servicios externos previstos. Indica si quieres incorporar mapas, vídeos, mensajería, pagos o medición, y qué finalidad tiene cada elemento. No todos deben incluirse porque estén disponibles. La revisión del proyecto podrá estudiar su utilidad, su configuración y las implicaciones que correspondan. Si una decisión sigue pendiente, debe aparecer como tal en el presupuesto y en el calendario.
Asigna una persona que valide la identidad y los textos que deban publicarse. La agencia puede ayudar a integrar la información, pero necesita conocer qué contenido ha sido aprobado por la empresa. Guarda las versiones aceptadas junto al resto de materiales del proyecto. Así se evita que una corrección posterior vuelva a introducir un documento antiguo o una identidad que ya no se utiliza.
15. Define un presupuesto como capacidad de decisión
Cuando prepares una solicitud, indica el rango de inversión que puedes considerar o las restricciones que debes respetar. Esto ayuda a plantear una primera versión viable. Si todavía no tienes una cifra, pregunta por alternativas de alcance claramente descritas. Comparar presupuestos solo por el importe final deja sin resolver si incluyen los mismos contenidos, funciones, revisiones y responsabilidades.
Separa la creación inicial de los costes posteriores. Pregunta qué servicios continúan, cómo se renuevan y qué cambios están incluidos. Un proyecto puede necesitar dominio, alojamiento, mantenimiento o herramientas externas; la propuesta debe explicar cuáles utiliza y quién los gestiona. No des por hecho que una expresión general cubre cualquier cambio futuro o todas las incidencias posibles.
Para decidir, relaciona cada partida con un resultado verificable. Si se incluye redacción, concreta para qué páginas. Si hay integración, identifica el sistema. Si se ofrece formación, aclara quién la recibe y sobre qué tareas. Esta forma de revisar el presupuesto convierte el precio en una comparación de compromisos y facilita detectar diferencias antes de aceptar una propuesta.
16. Organiza responsables y tiempos de respuesta
Una web puede avanzar con rapidez técnica y quedar detenida por una validación pendiente. Identifica a una persona que consolide comentarios y pueda decidir sobre textos, diseño y funciones. Si intervienen varios socios, explica cómo se resolverán sus diferencias antes de enviar instrucciones. El estudio necesita recibir decisiones compatibles para poder construir una versión coherente.
Marca fechas reales: disponibilidad de fotografías, aprobación de oferta, entrega de datos y momento deseado de lanzamiento. Distingue una fecha importante para el negocio de una preferencia. Si se aproxima un evento, indica qué recorrido debe funcionar ese día y qué contenidos podrían publicarse después. El calendario debe considerar dependencias conocidas en lugar de apoyarse en una expectativa genérica de rapidez.
Acuerda cómo se agruparán las revisiones. Enviar cambios dispersos por varios canales aumenta la posibilidad de contradicciones. Puede ser suficiente un documento compartido por entrega, con comentarios localizados y una persona responsable de confirmar el conjunto. El procedimiento no necesita ser complejo; necesita dejar claro qué versión se está revisando y cuándo una decisión se considera aprobada.
17. Imagina la entrega antes de contratar
Haz una lista de comprobaciones desde el punto de vista de quien usará la web. Abrirla en móvil, entender la oferta, localizar el contacto y completar la acción principal son un comienzo. Añade los recorridos específicos del proyecto: descargar una ficha, cambiar idioma o enviar una solicitud con archivo, si forman parte del alcance acordado.
Pregunta qué documentación y accesos se entregarán. La empresa debe saber cómo solicitar soporte, quién mantiene los servicios y qué tareas podrá realizar directamente. Si habrá un gestor de contenidos, define qué se podrá editar y qué requiere intervención técnica. La mera existencia de un panel no explica si el equipo podrá utilizarlo con seguridad y continuidad.
Incluye la comprobación de la información publicada: teléfonos, correos, enlaces, horarios y zonas. Son detalles sencillos que afectan al funcionamiento real. También conviene revisar que las páginas previstas estén accesibles y que los mensajes de confirmación correspondan al proceso del negocio. Aceptar la entrega significa comprobar lo contratado, además de valorar la apariencia.
18. Utiliza un briefing breve que se pueda responder
Puedes organizar el documento final en ocho apartados: presentación de la empresa, público y situación de compra, oferta inicial, acción principal, mapa de páginas, materiales disponibles, funciones y organización del proyecto. Cada apartado debe incluir decisiones confirmadas y asuntos pendientes. No es necesario rellenar todo con texto extenso; una respuesta concreta o una tabla pequeña puede comunicar mejor la necesidad.
Por ejemplo, una empresa hipotética de mantenimiento podría indicar: atendemos locales comerciales, necesitamos consultas con localidad y tipo de instalación, lanzaremos tres servicios, contamos con fotografías propias y una persona aprobará los contenidos. Después señalaría que la integración con su agenda queda fuera de la primera versión. Esta descripción todavía requiere conversación, pero ya permite detectar dependencias y preparar preguntas útiles.
Antes de enviar el briefing, pide a alguien ajeno al proyecto que lo lea y explique qué entiende que va a construirse. Si interpreta otra oferta o no sabe qué podrá hacer el visitante, revisa los apartados correspondientes. La finalidad del documento es conseguir un entendimiento compartido, no demostrar conocimientos de diseño o desarrollo.
19. Decide qué preguntas llevar a la primera reunión
La reunión debe resolver incertidumbres que afecten al alcance. Pregunta qué falta para valorar el proyecto, qué alternativas simplificarían la primera versión y cómo se comprobará cada función. Lleva las dudas que no has podido cerrar, con el contexto necesario. Una decisión pendiente bien descrita ayuda más que una respuesta improvisada para completar una casilla.
Pide que las conclusiones se recojan por escrito. Si durante la conversación cambia el número de páginas, una integración o la responsabilidad de redactar, esa modificación debe aparecer en la propuesta. También conviene confirmar qué aportará la empresa y qué preparará el estudio. Así ambas partes podrán revisar el mismo proyecto cuando llegue el momento de aceptar el presupuesto.
Evita convertir la reunión en una búsqueda de garantías imposibles. Una web no demuestra por adelantado cuántas ventas recibirá una empresa nueva. Sí se pueden acordar entregables, criterios de calidad, medición y atención posterior. Esos compromisos permiten evaluar el trabajo y mejorar con información real cuando la web esté funcionando.
Comprobación rápida del paquete que vas a enviar
Antes de solicitar la propuesta, recorre el documento como si tuvieras que responder tú. ¿Se entiende qué puede contratarse ahora? ¿La acción principal corresponde a una operación que alguien atenderá? ¿Las fotografías muestran algo que la empresa puede presentar como propio? Estas preguntas permiten detectar vacíos concretos sin volver a discutir toda la estrategia.
Comprueba también que los materiales sean compatibles entre sí. Si la ficha indica una zona de atención y el borrador de servicios menciona otra, resuelve la diferencia. Si una imagen contiene un teléfono antiguo, señálalo para que no pase inadvertido. Si dos socios han preparado versiones distintas del catálogo, entrega una versión consolidada y conserva las otras fuera de la carpeta vigente.
Deja al principio una lista de decisiones pendientes con responsable y fecha prevista. Puede incluir el dominio, la selección final de servicios o la autorización de una fotografía. Quien valore el proyecto podrá distinguir qué puede presupuestar y qué necesita aclaración. Esa pequeña organización evita interpretar una ausencia de información como una función innecesaria o como un compromiso ya aceptado.
20. Da el siguiente paso con una petición concreta
Cuando termines, reúne briefing, ficha de datos y carpeta de materiales. Comprueba que cada archivo tenga una versión reconocible y que los asuntos pendientes estén señalados. La primera solicitud puede explicar qué empresa estás poniendo en marcha, cuál es la acción principal que necesitas y qué fecha o restricción debe tenerse en cuenta. No hace falta ocultar lo que todavía no has decidido.
Si quieres plantear el proyecto a Latech, puedes contar tu idea por WhatsApp. Su web oficial confirma atención a empresas de toda España por videollamada. Envía una descripción de la actividad y el objetivo de la primera web para comenzar una conversación sobre alcance. La propuesta deberá concretar qué incluye tu caso, qué materiales hacen falta y cómo se organizará la entrega.
La utilidad de preparar este trabajo se verá en la calidad de las decisiones: una oferta comprensible, una acción que pueda completarse y responsabilidades conocidas. El briefing podrá cambiar al aprender más del negocio, pero ya proporciona una base para revisar cualquier propuesta sin perder de vista lo que necesita hacer la empresa cuando la web reciba a su primer visitante.