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Inventario de contenidos y archivos antes de renovar una web

Prepara el inventario de tu web antes de renovarla: decide qué textos, imágenes y documentos conservar, actualizar o retirar según su vigencia, derechos y utilidad.

Equipo Latech·15 de octubre de 2026· 22 min

1. Decide qué merece pasar a la nueva web

Renovar una web obliga a tomar una decisión anterior al diseño: qué información debe seguir representando al negocio. Una fotografía puede seguir siendo excelente y mostrar un producto que ya no vendes. Un texto antiguo puede explicar mejor tu servicio que el último borrador. Un catálogo aparentemente completo puede mezclar referencias actuales con condiciones comerciales abandonadas. El inventario permite separar esas situaciones antes de convertirlas en páginas nuevas.

El resultado que necesitas no es una carpeta con todo lo encontrado. Es una relación de contenidos y archivos con una decisión comprensible para cada elemento: conservar, actualizar, combinar, sustituir, archivar o retirar de la publicación. Cada decisión debe responder a una necesidad del visitante y a la realidad del negocio. Así podrás valorar cuánto trabajo editorial requiere la renovación, además de su apariencia.

Este artículo se centra en textos, imágenes, documentos y sus relaciones: quién responde por ellos, qué vigencia tienen, qué derechos permiten utilizarlos y dónde deben terminar. Para abordar el traslado general del sitio, puedes acudir a la guía Migrar tu web sin perder SEO: qué pedir a la agencia. Aquí resolveremos las decisiones editoriales que conviene llevar preparadas a ese proyecto.

Empieza por una pregunta concreta: si un cliente llegara mañana a este contenido, ¿podría entender qué ofreces y elegir su siguiente paso sin recibir información contradictoria? Si la respuesta es negativa, identifica el motivo. Puede faltar una explicación, sobrar una promesa, aparecer una persona que ya no pertenece al equipo o existir un documento mejor. Esa diferencia determinará la intervención, sin obligarte a reescribirlo todo.

2. Delimita el inventario por lo que el cliente utiliza

Incluye las páginas principales, pero también los materiales que ayudan a completar una tarea. Una ficha comercial puede depender de una tabla de compatibilidades, una fotografía de detalle y un documento descargable. Si inventarías únicamente la página, podrías aprobarla mientras quedan pendientes precisamente los archivos que permiten al visitante decidir. Conviene tratar el contenido como un conjunto de piezas relacionadas.

Recorre la web siguiendo situaciones reales: conocer un servicio, elegir una variante, preparar una consulta, descargar instrucciones o localizar información de contacto. Apunta qué elementos intervienen en cada recorrido. Después revisa los materiales que el equipo utiliza fuera del menú: dossiers enviados por correo, presentaciones comerciales, documentos enlazados desde campañas y archivos que todavía se comparten con clientes.

El sitemap puede ser una entrada para localizar direcciones. Google explica que proporciona información sobre páginas y otros archivos del sitio, pero su presencia no asegura que todos sus elementos se rastreen o indexen. Por eso no conviene utilizarlo como certificado de inventario completo. Es una fuente de descubrimiento que debes contrastar con el uso real del negocio. Documentación de Google sobre sitemaps.

Distingue desde el principio material público, material interno y material pendiente de clasificación. Un guion comercial puede ayudarte a mejorar una página sin convertirse en descarga pública. Una presentación destinada a un cliente concreto tampoco tiene por qué pasar a la biblioteca del nuevo sitio. Esta separación evita que la renovación se convierta en una mudanza indiscriminada de carpetas y permite concentrar el esfuerzo en aquello que el visitante necesita encontrar.

3. Escoge una herramienta que permita decidir

Para una web pequeña, una hoja de cálculo compartida puede ser suficiente. Su ventaja es que permite ordenar contenidos por responsable, situación o destino sin preparar una aplicación específica. Una carpeta, por sí sola, sirve para guardar archivos, pero resulta incómoda para expresar que una fotografía está aprobada para una ficha y descartada para la portada. Son funciones diferentes.

Cuando una misma pieza aparece en muchas páginas, puede resultar más manejable separar el registro de contenidos del registro de archivos. El primero describe páginas, artículos o fichas; el segundo recoge fotografías, documentos y otros recursos. Ambos se relacionan mediante identificadores sencillos. Así puedes revisar una imagen una sola vez y conservar la lista de lugares donde se utiliza.

También puedes organizar el trabajo mediante un tablero de tareas, especialmente si hay varias personas editando. En ese caso, mantén una tabla como referencia del conjunto y utiliza las tarjetas para las acciones. Una tarjeta que diga «actualizar catálogo» no sustituye la relación de documentos afectados. La elección depende de cuántas relaciones necesitas representar y de quién va a mantenerlas.

Alternativa Cuándo resulta práctica Qué debes resolver aparte
Hoja única Pocas páginas y recursos sencillos Evitar filas que mezclen varias piezas
Dos registros relacionados Recursos compartidos entre páginas Mantener identificadores consistentes
Registro y tablero Trabajo repartido entre personas Vincular cada tarea con su contenido

Prueba la herramienta con tres elementos distintos: una página, una fotografía y un PDF. Si puedes expresar qué son, dónde aparecen y qué harás con ellos sin escribir párrafos confusos dentro de una celda, la estructura probablemente te permitirá empezar con claridad.

4. Diseña una ficha que distinga hechos y decisiones

Asigna un identificador estable a cada pieza. Puede ser un código breve como TEX-014, IMG-028 o DOC-006. Su utilidad es mantener la referencia aunque cambien el título, el nombre del archivo o su ubicación. Después añade el nombre reconocible, la ubicación actual, el tipo de contenido, el idioma y las páginas que lo utilizan.

Separa el estado observado de la decisión editorial. «Incluye dos productos retirados» describe un hallazgo. «Actualizar» indica una acción. «Sustituir la tabla por la relación vigente» concreta el trabajo. Si todo aparece resumido como «revisar», nadie sabrá si falta una lectura, una nueva fotografía o una decisión comercial. El inventario debe ayudar a ejecutar, no acumular dudas indistintas.

Incluye campos para responsable editorial, procedencia, vigencia, derechos de uso, destino propuesto y condición de aceptación. Esta última puede expresarse con una frase verificable: «la ficha muestra únicamente las tres variantes disponibles en la oferta aprobada». Es más útil que una valoración vaga como «mejorar calidad». También permite revisar el resultado sin volver a discutir desde cero.

Evita rellenar todas las columnas con valores aparentes. Si desconoces la procedencia de una imagen, escribe «procedencia sin resolver». Si una fecha corresponde al momento de descarga y no a la publicación original, indícalo. La precisión consiste en distinguir lo conocido de lo supuesto, no en conseguir que ninguna celda quede vacía.

Por último, incorpora un campo de prioridad separado del estado. Una pieza puede estar pendiente y tener poca importancia para el lanzamiento. Otra puede parecer terminada y bloquear una página esencial porque conserva una condición equivocada. Mantener ambas dimensiones independientes te ayudará a organizar el trabajo según sus consecuencias.

5. Asigna responsables sin confundirlos con autores

La persona que escribió un texto no siempre es quien puede aprobarlo hoy. El fotógrafo tampoco decide qué productos representan la oferta actual. Para trabajar con claridad, distingue tres papeles: quién creó la pieza, quién conoce su contenido y quién autoriza su publicación dentro del negocio. En equipos pequeños pueden coincidir, pero conviene que esa coincidencia sea explícita.

Asigna la responsabilidad editorial a una persona capaz de resolver el significado comercial de la información. Para una ficha, puede ser quien gestiona esa línea de producto; para una página de equipo, quien conoce la composición actual; para una descarga de instrucciones, quien puede evaluar si sigue correspondiendo al modelo presentado. La responsabilidad debe seguir al contenido, no simplemente al departamento que administra la web.

Evita aprobaciones colectivas sin una decisión final identificable. Si ventas pide simplificar y soporte necesita conservar detalles, define qué función tendrá cada espacio: la página puede explicar la elección y el documento desarrollar las instrucciones. No hace falta obligar a ambos contenidos a decir exactamente lo mismo. Sí deben evitar contradicciones sobre el mismo producto o servicio.

Establece también qué ocurre cuando el responsable habitual no está disponible. Puedes designar un sustituto para revisar información básica y reservar decisiones delicadas para una fase posterior. La alternativa editorial puede ser publicar una explicación más limitada, siempre que siga siendo útil y exacta, en lugar de incorporar afirmaciones que nadie puede sostener.

El inventario queda mejor resuelto cuando cada aprobación tiene un alcance. «Aprobado el texto comercial» no equivale a «aprobados los derechos de la fotografía». Separar esas validaciones reduce malentendidos y permite aprovechar el trabajo terminado sin dar por resueltos asuntos que requieren otra persona.

6. Evalúa la vigencia según el contenido

Una fecha reciente no demuestra que una página esté actualizada. Puede haberse cambiado una coma y mantenerse una oferta antigua. A la inversa, una explicación redactada hace años puede seguir describiendo correctamente un proceso estable. Evalúa la vigencia mediante señales concretas: productos mencionados, condiciones, personas, imágenes, ejemplos, documentos asociados y acciones que se pide realizar al visitante.

Clasifica los contenidos según su forma de caducar. Los estacionales dependen de una campaña o periodo. Los comerciales cambian cuando cambia la oferta. Los históricos mantienen valor precisamente porque describen otro momento. Los explicativos requieren revisión cuando se modifica aquello que enseñan. Esta clasificación permite evitar que todo el archivo reciba la misma regla automática de conservación o eliminación.

Para cada pieza, señala el desencadenante de revisión. Una ficha debería revisarse cuando cambia una variante relevante; una presentación del equipo, cuando cambia su composición; una guía de preparación, cuando se modifica el servicio descrito. El desencadenante aporta más utilidad que programar revisiones idénticas para materiales con comportamientos muy diferentes.

Cuando encuentres información antigua, decide si conserva una función reconocible. Una noticia sobre una participación pasada puede mantenerse como historia del negocio. Una oferta cerrada que parece disponible necesita otro tratamiento. Puedes conservar el hecho histórico y retirar el reclamo comercial, siempre que la presentación permita entender qué ocurrió y cuándo, sin sugerir disponibilidad actual.

Revisa las contradicciones entre formatos. Si la página presenta una selección actual y el catálogo descargable añade opciones abandonadas, el problema sigue existiendo aunque ambos documentos estén bien escritos. La vigencia debe evaluarse también en pareja: contenido principal y archivos asociados tienen que contar una historia compatible para el cliente.

7. Examina procedencia y licencias por recurso

Reserva una fila propia para cada recurso cuya reutilización debas evaluar: fotografía, ilustración, icono, vídeo, música o tipografía vinculada al proyecto. Registra de dónde salió, quién lo suministró y qué documento describe su uso. La etiqueta «imagen de internet» no permite tomar una decisión. Tampoco basta con saber que ya aparecía en la web antigua.

En materiales Creative Commons existen condiciones diferentes. Por ejemplo, CC BY exige reconocimiento y permite uso comercial; las licencias con NC limitan el uso a fines no comerciales, y las que incluyen ND restringen la distribución de adaptaciones. No deben agruparse bajo una etiqueta genérica de «libre uso». Consulta la licencia concreta del recurso y su versión. Descripción oficial de licencias Creative Commons.

Para el inventario, traduce esa revisión en necesidades de producción: conservar un crédito, elegir otra fotografía, evitar una adaptación prevista o someter un uso dudoso a revisión especializada. No intentes resolver una interpretación compleja añadiendo una nota diminuta al pie. La decisión editorial debe ser compatible con el uso que realmente tendrá la pieza en el nuevo diseño.

En fotografías encargadas, ilustraciones compradas o materiales de proveedores, vincula la referencia contractual pertinente sin copiar condiciones de unos recursos a otros. Una autorización para un catálogo puede plantear preguntas distintas cuando quieres reutilizar el material en una campaña. El inventario identifica ese cambio de contexto para que se revise con el documento correspondiente.

Ten preparada una alternativa creativa para los recursos bloqueados. Puedes utilizar una fotografía propia diferente, encargar una nueva imagen o diseñar una composición basada en texto y elementos disponibles. Así el diseño puede avanzar alrededor de una solución viable, en vez de depender de una pieza que todavía carece de una decisión clara.

8. Selecciona imágenes por lo que explican

Agrupa las imágenes por su función: mostrar un producto, explicar un detalle, identificar a una persona, presentar un espacio o aportar ambiente. Después evalúa si cumplen esa función. Una fotografía vistosa puede ser poco útil para distinguir dos acabados; una imagen menos espectacular puede enseñar exactamente la diferencia que necesita entender el comprador antes de consultar.

Comprueba el encuadre previsto antes de aprobar la selección. Si una imagen horizontal tendrá que ocupar un espacio vertical, observa qué parte quedaría fuera. Puede perderse el producto principal o desaparecer una característica importante. El inventario puede anotar «apta para ficha completa» y «no usar como cabecera recortada», de modo que el diseño respete el significado de la imagen.

Añade una descripción de su función y prepara la alternativa textual en contexto. WAI distingue imágenes informativas, decorativas y funcionales: la alternativa depende de lo que aportan; una imagen utilizada como control debe comunicar su acción o destino, y una puramente decorativa utiliza una alternativa vacía. Árbol de decisión de WAI para imágenes.

Tu criterio de selección puede ir más allá de aprobar o descartar. Señala qué falta en la colección: una vista lateral, una fotografía del interior, una comparación de tamaños o un detalle de terminación. Esa lista se convierte en un encargo visual específico. «Necesitamos fotos nuevas» deja demasiadas decisiones abiertas; «falta mostrar cómo se organiza el interior» orienta mejor la producción.

Conserva la relación entre el original y las versiones utilizadas. Si encuentras varias copias, identifica cuál permite preparar los encuadres aprobados. No elijas únicamente por el nombre más reciente: abre las imágenes, compara su contenido y descarta variantes que introduzcan mensajes o elementos ajenos al servicio que vas a presentar.

9. Da a cada documento descargable una función

Antes de trasladar un PDF, pregúntate para qué lo descarga el visitante. Puede necesitar imprimir una lista, consultar una ficha detallada, compartir una selección o conservar instrucciones. Si no aparece una tarea clara, quizá el documento repita información que conviene integrar en la página. La renovación es una oportunidad para revisar el formato, además del contenido.

Distingue los documentos completos de sus extractos. Un dossier comercial puede resumir una gama mientras varias fichas desarrollan casos concretos. Esa convivencia tiene sentido si los nombres y las introducciones explican la diferencia. «Descargar información» resulta menos orientativo que «Ver catálogo de acabados» o «Descargar instrucciones del modelo elegido». El inventario debe recoger el nombre que verá el cliente.

Abre cada archivo y recorre todas sus páginas. Comprueba si contiene referencias antiguas, páginas vacías, anotaciones, datos de otra empresa, contactos personales o instrucciones que ya no corresponden. Revisa también las portadas: dos documentos pueden compartir una apariencia casi idéntica y describir productos distintos. La miniatura no permite aprobar el contenido completo.

Si decides convertir una parte en contenido web, define qué información seguirá en la descarga y cuál estará disponible directamente en la página. Por ejemplo, la explicación para elegir una opción puede aparecer en la ficha, mientras una hoja destinada a impresión permanece como archivo separado. Evita obligar al visitante a descargar un dossier extenso para encontrar una respuesta breve.

Cuando el archivo de origen esté disponible, relaciónalo con la versión publicada para facilitar futuras actualizaciones. Si solo conservas el PDF final, registra esa limitación y decide si merece reconstruirse. El esfuerzo dependerá de cuánto cambia el documento, de su utilidad actual y de la posibilidad de sustituirlo por una presentación más sencilla.

10. Revisa datos personales y exposición innecesaria

Una renovación puede sacar a la luz información personal incluida en materiales que ya no se utilizan: nombres en ejemplos, firmas en documentos, fotografías de personas, currículos o teléfonos individuales. Revisa esas presencias como parte del contenido. El objetivo editorial es distinguir lo que realmente ayuda a presentar el negocio de lo que se ha acumulado sin una función actual.

La AEPD recoge, entre los principios del tratamiento, la limitación de la finalidad, la minimización, la exactitud y la limitación del plazo de conservación. Estos principios orientan la revisión, pero no fijan por sí solos la solución de cada archivo. La decisión sobre conservación, publicación o supresión debe atender al caso y a sus obligaciones aplicables. Principios del tratamiento explicados por la AEPD.

En la práctica editorial, distingue tres situaciones. Un dato puede necesitar seguir siendo público para cumplir la función de la página; puede requerir conservación interna sin exposición pública; o puede carecer de utilidad para el nuevo sitio. No mezcles esas decisiones bajo una instrucción general de «guardarlo todo por si acaso». Tampoco borres materiales únicamente porque no van a publicarse.

Presta atención a los ejemplos visuales. Una captura de pantalla puede mostrar nombres de clientes o conversaciones que no son necesarias para explicar una función. Puedes sustituirla por una demostración preparada para publicación. Si vas a modificar un documento, revisa el archivo resultante completo: tapar visualmente una zona no debe darse por equivalente a resolver todas sus posibles exposiciones.

Limita también el contenido del propio inventario. Normalmente basta con identificar el recurso y el motivo de revisión, sin reproducir datos personales que no necesitas para coordinar el trabajo editorial.

11. Asigna destinos distintos a problemas distintos

Utiliza un vocabulario de destinos reducido y consistente. Conservar significa que la pieza mantiene una función y puede pasar con ajustes de presentación. Actualizar implica cambiar información dentro de una estructura útil. Combinar reúne piezas que responden a la misma necesidad. Sustituir introduce un recurso diferente. Archivar conserva fuera de la publicación prevista. Retirar excluye del nuevo conjunto público.

La elección debe partir del problema. Si dos páginas explican el mismo servicio con pequeñas diferencias de redacción, quizá convenga combinarlas. Si una página mezcla dos servicios con destinatarios y decisiones muy diferentes, puede ser mejor separarla. La cantidad de texto no determina la solución: lo decisivo es si el visitante necesita resolver una tarea común o elegir entre recorridos distintos.

Al combinar materiales, conserva los fragmentos que aportan información propia. Una explicación breve puede contener una excepción útil ausente en el texto más largo. Revisa ejemplos, condiciones y preguntas antes de elegir una base. Evita resolver la selección copiando todo en una página interminable: ordenar también exige descartar repeticiones y asignar un lugar adecuado a los detalles.

Distingue el destino editorial del destino técnico. Escribir «se integra en la ficha de servicio» expresa qué ocurrirá con la información. Las decisiones de implementación y traslado de direcciones pertenecen al trabajo técnico correspondiente. Tu inventario debe proporcionar el significado y las relaciones necesarias sin convertirse en una colección de instrucciones de migración improvisadas.

Para cerrar cada decisión, añade una razón breve y específica. «Sustituir porque muestra una variante retirada» ayuda más que «imagen antigua». Esa razón permite revisar después si la alternativa elegida resuelve el problema original. También evita recuperar accidentalmente una pieza descartada cuando alguien busque recursos en las carpetas del proyecto.

12. Prioriza por dependencia y utilidad para el visitante

No todas las piezas pendientes merecen el mismo esfuerzo inmediato. Empieza por las que permiten entender la oferta y actuar: explicación de servicios, fichas principales, selección de imágenes relevantes y documentos necesarios para elegir. Después aborda el contenido de apoyo. El criterio no es que las páginas secundarias carezcan de valor, sino que unas decisiones condicionan más partes del proyecto.

Identifica dependencias. Si una página no puede cerrarse hasta conocer la gama actual, resolver primero el catálogo evita redactar sobre una selección equivocada. Si el diseño necesita distinguir tres familias de productos, la clasificación debe preceder a la elección de fotografías. Coloca esas decisiones antes que las tareas de acabado que podrían rehacerse cuando cambie la estructura.

Puedes usar tres niveles propios de prioridad: imprescindible para presentar correctamente la oferta, útil para ampliar la decisión y material que puede incorporarse después. Acompaña cada nivel con un motivo. Una descarga poco visitada puede ser imprescindible para una tarea concreta; una noticia muy visible puede tener poca relación con lo que el negocio necesita explicar en la nueva web.

Si dispones de datos de uso, trátalos como una señal adicional, no como un veredicto automático. Una página con pocas consultas podría atender una necesidad muy específica. Un archivo con muchas descargas podría contener información desactualizada. Relaciona la actividad observada con la exactitud, la función y las alternativas disponibles antes de conservar o eliminar.

Define una versión inicial coherente del contenido. Puede ser preferible publicar una selección clara y completa de servicios actuales que intentar trasladar todo el archivo sin terminar su revisión. El material aplazado debe tener una función prevista y una razón de espera, evitando que la carpeta de pendientes se convierta en un destino permanente.

13. Ejemplo hipotético: un catálogo que necesita separar funciones

Marta dirige una empresa que comercializa equipamiento para comercios y está preparando una nueva web. Dispone de doce fichas, un catálogo general y una carpeta de fotografías. Al revisar el conjunto, descubre que el catálogo mezcla productos actuales con otros abandonados, mientras varias fichas individuales conservan explicaciones útiles que no aparecen en las páginas comerciales.

Tiene tres alternativas concretas: trasladar el catálogo completo, rehacerlo antes de continuar o repartir su contenido entre fichas actuales y una selección descargable más breve. Elige la tercera porque permite mantener la información útil para elegir sin presentar como vigente toda la colección histórica. La reconstrucción del catálogo completo queda fuera de la primera versión, con una finalidad posterior definida.

Luis, que atiende las consultas comerciales, identifica las diferencias que más preguntan los compradores: distribución interior, acabado y posibilidades de uso. Marta utiliza esas diferencias para elegir las imágenes. Una fotografía general atractiva pasa a una página de categoría; las vistas de detalle se asignan a las fichas correspondientes. Dos imágenes de procedencia desconocida se sustituyen por otras disponibles cuya utilización está resuelta.

En los textos aparecen dos problemas diferentes. Una ficha necesita actualizar variantes, mientras otra explica correctamente un producto actual pero repite párrafos de presentación. La primera se reescribe en su parte comercial. La segunda conserva la explicación propia y elimina la introducción duplicada. No se aplica la misma intervención por el simple hecho de que ambas sean antiguas.

El resultado del inventario es una selección razonada: fichas con función concreta, imágenes vinculadas a preguntas reales y una descarga con alcance definido. El equipo de diseño recibe contenidos que explican qué debe verse y por qué, sin tener que interpretar una carpeta completa ni reconstruir decisiones comerciales a partir de archivos contradictorios.

14. Detecta errores y resuelve los casos límite

Uno de los errores más costosos es aprobar una página porque su texto está bien y olvidar los recursos que incorpora. Puede enlazar un catálogo descartado, presentar una fotografía incorrecta o repetir una condición retirada dentro de una imagen. Revisa la unidad completa que verá el visitante, incluidos pies de foto, botones, descargas y fragmentos reutilizados.

Otro error consiste en confundir duplicados con variantes. Dos fotografías del mismo producto pueden enseñar detalles diferentes. Dos documentos con títulos parecidos pueden corresponder a modelos distintos. Antes de agruparlos, compara su contenido y su función. También ocurre lo contrario: archivos con nombres muy distintos pueden ser copias del mismo material. El nombre es una pista, no una decisión.

Los materiales históricos exigen una presentación propia. Una noticia pasada no necesita transformarse en una oferta actual; puede conservar su contexto. Pero si incluye un botón comercial que invita a contratar algo desaparecido, ese elemento requiere revisión. Separa el valor de archivo de las acciones que la pieza propone hoy, en vez de conservar o eliminar todo como un bloque indivisible.

En webs con varios idiomas, trata cada versión como contenido revisable. Una actualización en español no demuestra que la traducción equivalente esté al día. Si las versiones difieren, identifica qué significado debe conservarse y quién puede revisarlo. No hace falta traducir de nuevo todo el archivo si solo ha cambiado una condición, pero sí localizar dónde aparece.

Por último, revisa los recursos sin uso aparente antes de descartarlos. Una ficha puede seguir compartiéndose por otros canales aunque no figure en el menú. Identifica su función actual y decide su destino. Este criterio permite distinguir una pieza verdaderamente sobrante de otra que necesita un lugar más claro en la nueva organización.

15. Cierra el inventario con una entrega comprobable

Concentra la coordinación final en una entrega breve: registro de contenidos, recursos seleccionados y relación de pendientes que afectan a la publicación. Cada pieza debe poder localizarse sin interpretar mensajes dispersos. Utiliza nombres claros y conserva la relación con los identificadores. La carpeta de entrega debería contener lo elegido, mientras los materiales descartados permanecen separados según la decisión adoptada.

Antes de dar por cerrado el trabajo, comprueba lo siguiente:

  • Cada página prevista tiene textos y recursos asociados reconocibles.
  • Las decisiones distinguen conservar, modificar y excluir de la publicación.
  • Los documentos enlazados corresponden a la oferta presentada.
  • Las imágenes muestran lo que la página necesita explicar.
  • Los créditos y condiciones de uso tienen un tratamiento definido.
  • Las cuestiones sobre datos personales han recibido la revisión correspondiente.
  • Los pendientes imprescindibles tienen una persona responsable y una acción concreta.

Realiza una lectura final por recorridos, no solo por filas. Intenta elegir un servicio utilizando únicamente el conjunto aprobado. Después intenta localizar una descarga concreta y entender qué contiene antes de abrirla. Estas pequeñas comprobaciones permiten detectar huecos entre piezas que individualmente parecían correctas: una opción mencionada sin ficha, un documento sin presentación o una imagen que necesita explicación.

Cuando valores propuestas para renovar la web, concreta qué trabajo editorial esperas: selección, redacción, sustitución de recursos, preparación de descargas o incorporación del material ya terminado. Así podrás entender el alcance de la colaboración sin suponer que «pasar el contenido» incluye todas esas tareas. La entrega del inventario aporta una base concreta para esa conversación y reduce las interpretaciones sobre qué debe llegar listo y qué forma parte del proyecto.

16. Preguntas frecuentes y siguiente paso

¿Puedo empezar si todavía no tengo todas las fotografías?

Sí, puedes avanzar identificando qué debe mostrar cada imagen y qué páginas dependen de ella. Distingue los huecos que admiten una composición provisional de aquellos que impiden explicar una diferencia importante. No elijas imágenes de relleno que luego condicionen el mensaje. Una lista visual precisa permite preparar la selección o el encargo pendiente.

¿Debo conservar todos los artículos antiguos?

Revísalos por su utilidad actual. Algunos pueden seguir resolviendo preguntas; otros necesitan actualizarse, combinarse o conservarse como información histórica. La antigüedad aislada no decide su destino. Comprueba si aportan algo propio, si describen correctamente la situación y si encajan en los recorridos que quieres ofrecer al lector.

¿Qué hago con un archivo que nadie reconoce?

Apártalo de la selección publicable y conserva su identificación mientras investigas su función. No lo incorpores únicamente porque estaba en una carpeta compartida. Si su información resulta necesaria, busca una alternativa cuyo contenido y utilización puedas resolver. Si no cumple ninguna función, no tiene por qué condicionar el nuevo diseño.

¿Cómo ayuda este inventario al hablar con Latech?

Te permite explicar qué tienes, qué merece conservarse y qué necesitas producir. Latech presenta servicios de diseño web y comercio electrónico, con atención en toda España y reuniones por videollamada. Información oficial de Latech. Puedes llevar una selección inicial de páginas, fotografías y descargas para conversar sobre el alcance concreto de tu renovación.

Si estás preparando ese cambio, cuenta tu proyecto por WhatsApp. Explica qué tipo de web tienes y qué materiales te plantean más dudas; será un punto de partida claro para pedir información sobre tu caso.

Fuentes consultadas

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